El día que llegamos a la Casa Verde para conocerla y tener la primera entrevista nos asaltaron un montón de dudas y miedos, sabíamos lo que queríamos para nuestra hija, pero por otro lado estaba la presión de las familias, amigos y conocidos que parecían saber con mas certeza lo que más nos convenía.

¿Una escuela en via de homologación?, ¿escolarizacion hasta los seis no obligatoria?, ¿sería algo serio, o un grupo de papás que querían otro tipo de educacion? ¿Realmente nuestra hija aprenderá aqui? ¿Así?…… Habíamos visto mucho sobre la enseñanza Montessori, leído infinidad de artículos y de opiniones diferentes, pero vernos ahí a las puertas fue otra cosa.
Quedamos con alguien de la Casa Verde en un punto cercano para llevarnos, ya que esta ubicado algo lejos del mundanal ruido, a medida que subíamos más dudas nos asaltaban, nos explicaron el funcionamiento de la asociación y entramos en el ambiente donde estaría nuestra pequeña para entrevistarnos con las que serian sus guías.
Me cuesta explicar con palabras lo que sentí: un ambiente cuidado, precioso, lleno de cositas pequeñas, naturales, se respiraba absoluta paz, la luz del sol bañaba cálidamente aquellas mesas de madera haciendo de aquella habitación algo mágico. Una energía pura llenaba aquel ambiente, nuestra hija en total silencio recorrió todo el salón con la mirada y cogió algún material para mirarlo, y como si supiera qué hacer, lo dejó de nuevo en su sitio. Era como si ya hubiese estado allí,nos sorprendió mucho como nos hablaron las guías, con tanto amor y tanta dulzura, ¡a esto ya no estamos acostumbrados claro! Y mucho menos cómo hablaron con nuestra hija, con respeto, con delicadeza, pero como a una persona, contando con su opinión y dándole importancia a lo que decía.
Las dudas se disiparon, salimos en paz con el universo, nos enamoramos. Así de simple.
A todos los papas que dudáis, que tenéis miedo, que no sabéis, que sí, pero no. Que sepáis que podéis acercaros a la Casa Verde y escuchar vuestro corazón, porque este jamás os engañará.