Hay quien dice que las casualidades no existen, que estamos justo en el mismo lugar donde estamos siendo esperados, que sólo hay que saber ver las señales y seguirlas. Y es esto justamente lo que me pasó, un conjunto de señales y casualidades inexplicables que me llevaron a la Casa Verde.

La encontré ojeando por internet, en medio de toda esa locura de información y tras decidir que queríamos Montessori para nuestra hija (más que una decisión fue como si ya lo supiésemos). El problema fue que no encontré ninguna información sobre dónde estaba, busqué y busqué pero nada. Visitamos otras escuelas, le poníamos pegas a todas ¡ Yo quería La Casa Verde!
El tiempo se me agotaba, llegaba marzo, mes de matrícula…

Y por fin el universo entero conspiró para que pudiera cumplir mi deseo, mi hermana conoció a una chica en un curso de fotografía cuya hermana también quería llevar a su hija a la Casa Verde. Nos pusimos en contacto con ella, nos abrió las puertas de su casa y nos ayudó a ponernos en contacto y empezar con todos los trámites, el resto fue solo fluir.
Un año después nos sentimos plenos como papás viendo nuestra hija crecer feliz, siendo ella misma, tan segura de sí misma, tan independiente. No podemos hacer mas que ayudar a que crezca este pequeño gran proyecto involucrándonos y poniendo todo nuestro amor para seguir haciendo este sueño posible.