Las flores de invernadero son programadas, nacen y crecen controladas, la luz es ficticia en muchas ocasiones, son enderezadas y cortadas si sobrepasan un límite estipulado, sin embargo, las flores silvestres nacen hasta en los lugares más ocultos, son bañadas por el sol, humedecidas por la lluvia y el rocío, libres como el viento, y a medida que crecen sus colores se intensifican. Y así son nuestros niños en La Casa Verde, libres. Guiados en libertad de acción para su propia independencia, respondiendo a las necesidades psicológicas de cada uno de ellos, “siguiendo el niño “, en un ambiente por y para la paz, rodeados de pura naturaleza, tratados como individuos y siendo respetados como personas que son.